miércoles, 16 de agosto de 2017

EL caso ODEBRECHT ha estremecido a Latinoamerica y al Mundo. Gracias a ODEBRECHT han caído gánsteres como Alejandro Toledo, Ollanta Humala, el gran Luis Inacio Lula Dasilva. Pero, en República Dominicana, donde aparentemente está el trono de Satanás no cae esencialmente nadie, descubre por ti mismo la causa, lee mi libro, comentarlo y compártelo.


CAPITULO IX
EL DECRETO DE IMPENETRABILIDAD



Juan Alberto Galvá
     ANARQUIA TOTAL sabía que ahora tenía en el país a fieles y devotos seguidores, pero las acciones que rápidamente comenzaron a emprender estos nuevos adoradores dejaron atónita a la misma deidad, ¡Carajo! —Se Dijo, con tan poco, han hecho ¡tanto! que me siento más que satisfecha. Movida por tal muestra de eficiencia en las labores depredativas y sustratorias fue que ANARQUIA TOTAL tomó la decisión de otorgarle al rey y a un reducido número de los miembros de su cohorte, tres de ellos específicamente, el poder más codiciado del mundo entero, el poder de la Impenetrabilidad.

     Este poder consistía en principio en la habilidad de emprender una acción, del carácter que fuera, bajo una total protección en contra de críticas o acusaciones pues todo el que intentaba cuestionar al rey y a los que estuvieran protegidos por este Decreto de Impenetrabilidad quedarían en tal estado de estupor, tal perplejidad, que empezarían a expresar dislates hasta caer en la confusión absoluta terminando al final dando la razón al rey y a sus protegidos en cualquier causa contra ellos. Pero ANARQUIA TOTAL fue vehemente al advertir al rey lo siguiente:

     “Yo, ANARQUIA TOTAL, soy el ama del caos, pero hay ciencia en mi desorden, existo porque fui la única en descubrir que  hay un orden que gobierna en el desorden e hice los delicados cálculos para lograr los algoritmos para mantener las medidas exactas y justas del desorden sin pasar ni más allá ni más acá; súbditos míos amados, coger y dejar, picar y anestesiar, desenfreno con pan y circo son las llaves para mantener desordenado el orden, y dar la apariencia de que hay un hermoso desorden ordenado. Pero si este delicado equilibrio es alterado por cálculos descuidados en la aplicación del caos, inevitablemente, tarde o temprano, vendrá el barullo verde y después del BARULLO VERDE volverá LA DESVERGÜENZA BLANCA a reinar, y como LA VERGÜENZA se ha ausentado tanto tiempo del poder las cosas jamás volverán a ser lo mismo, la disolución estará a la puerta”.
CAPITULO X
APLICACIÓN DEL DECRETO DE IMPENETRABILIDAD Y DESCUIDO DE LOS CALCULOS DEL EQUILIBRIO COSMICO


Pasó tiempo considerable y llegó a gobernar a Juanño Lindo un rey llamado Lesivo. Sus servidores procuraron realizar con cierta mesura aquellas tropelías habituales que son propias de los monarcas ociosos que en ninguna otra cosa se entretienen sino en tirarse las más ajustadas hembras ajenas —los bien orientados—, echarse algunas manos de dominós con los panas del barrio, o jugar Pacman en el ordenador de última generación comprado con los impuestos de los juanñolinenses, y por supuesto, también se ocupan en desvalijar a lobistas desvalijadores reclutados por ellos mismos, para conseguir por lo bajo lo que a las claras, ya todo el pueblo asume que de todos modos los nobles siempre consiguen en las delicadas tinieblas o a la luz del descaro.

En sus negocios muy especiales estaban el monarca y sus súbditos cuando surgió una oportunidad  aurífera para pasar de las meras incursiones furtivas en negocios de poca monta a las grandes ligas. Fue así como surgió el negocio con el nombre de un juego popular llamado:

“Tierra Mar, Tierra Mar, Tierra Mar ¡Tierra!”

Aunque en este caso, no sería precisamente “Tierra Mar” sino más bien

“¡Sol y Tierra!”


El país se hizo eco de que en aquel negocio hubo un procedimiento ilegal, violatorio de la constitución de Juanño lindo, lo cual era diáfanamente evidente. Pero como el Nuevo Rey Lesivo  era poseedor del poder que otorgaba el Decreto de Impenetrabilidad se mantuvo sereno hasta que la presión de sus opositores fue tan grande que tuvo que hacerles frente a las demandas de unos pocos oráculos transparentes, muchos semi transparentes y una gran cantidad de oráculos opacos y oscuros. Pero, su majestad el rey, con aquella seguridad del que tiene la fuerza de su dios de su lado, imbuido de esa aparente soberbia justificada del que sabe, o supone que tiene frente a sí a una manada de descerebrados, se mantuvo incólume, impasible y siempre dueño de sí. ¡Bravo Lesivo! ¡Qué bien lo hiciste!.

Así que, antes de entrar al distinguido salón de la perfidia en el palacio de la rapiña  invocó el tan codiciado Decreto de Impenetrabilidad y  qué creen ustedes…

llegó, vio y venció,
y su impresionante victoria fue de esta manera:

En una memorable reunión en el palacio de la rapiña el  Nuevo Rey Lesivo  consiguió que sus adversarios le escucharan decir pacientemente una sarta de argucias, un alud de tonterías y sofismas descarados que eran claramente  lo mismo del fin al principio y del principio al fin, pero sus adversarios nada pudieron contra él, él salió indemne a pesar de haber violado claramente la constitución del reino de forma burda y descarada.

Mirando pues el monarca y sus súbditos que eran poseedores de semejante habilidad sucedió lo inevitable; un gran agujero negro proveniente de la galaxia bautizada por los astrónomos con el nombre de Corrupcionis Corruptis 1492-17 absorbió por completo cualquier vestigio de sensibilidad o prurito por la devoción a la antigua deidad LA VERGÜENZA. De allí en adelante, nada sería demasiado grande o ambicioso para el rey y su séquito de hombres y mujeres superdotados.


CAPITULO VI
LA VERGUENZA.



     ¡Sí! LA VERGÜENZA. Ella gobernó por muchos siglos a los juanñolindenses hasta aquel aciago día en que llegaron nuestras costas vírgenes de toda basura foránea esos tres higüeros de alta tecnología y desembarcaron de ellos, o mejor dicho, desenhigüeraron unos mercaderes de carnes muy rubias y barbas muy tupidas, de piel acorazada, en cueros curtidos y ojos de fuego ardiente, ellos venían de allende los mares inquietos, con cara de buena gente, sobre todo cuando se fijaban en las hembras de Juanño Lindo.

          Esos mercaderes, esos funestos marchantes eran conquistadores de niños color cobrizo, perversos encantadores de jóvenes de almas nobles y hombres y mujeres de corazón cándido; eran contratantes salteadores, evangelistas y malabaristas de la deidad antigua Capúynoteabaje muy duchos en todas las ramificaciones del brillante evangelio aurífero y en el arte antiguo de la seducción rastrera. Ellos arribaron a este pueblo indefenso con un extenso contrato redactado en chino mandarín, escrito por delante y por detrás con las estipulaciones de nuestra capitulación incondicional al derecho de extracción del oro escondido, y los permisos y concesiones correspondientes para la construcción de una Mega Planta en nuestra punta femenina, a orillas del Mar Inquieto para sacar y procesar el oro primigenio de Juanño Lindo. Todo ello con el pretexto de llevarlo a un enorme museo que tenían los contratantes, porque, según alegaban, si ellos no se llevaban ese oro, los mansos juanñolindenses lo iban a echar a perder haciendo unas muy pendejas figurillas de diosecillos paganos y rústicos brazaletes alegóricos sin valor ni uso práctico. Además, corríamos el peligro, según ellos, de que otros contratantes más injustos y menos tolerantes que ellos vinieran a sacarlo con fuerza descomunal y ausencia total de misericordia. 


EL RECURSO CONSTITUCIONAL
CHIVO-MOSCA

     Cuando los caciques del pueblo de Juanño Lindo escucharon la persuasiva y vehemente, pero muy extraña explicación de los contratantes de allende los mares, se pusieron chivos. Pero los contratantes, con gran firmeza y demostración de dones de convencimiento les ofrecieron tanto a los caciques, como sus subalternos de más rango, un viaje en primera clase en los higüeros maravillosos, y les  encandilaron diciéndoles que en vez de los raquíticos brazaletes dorados que ellos confeccionaban, ellos les regalarían grandes brazaletes de hierro para llevar tanto en las manos como en los pies y también les prometieron dos sacos de espejitos y una hamaca llena de cascabelitos, solo para ellos.

     Esta propuesta dejó algo perplejos a los caciques, pero, hipnotizados como estaban por el constante  blandir de esos largos y filosos hierros con que siempre andaban los recién llegados les daba pena decirles que no.

     Así llegó el anhelado momento cuando los contratantes de allende los mares de Juanño Lindo procederían a formalizar aquel tan codiciado pacto de gentes. Los caciques, que antes de acudir al evento, primero se abotagaron del más añejo anamú prohibido de Juanño Lindo esto para darse el valor que no tuvieron para decir que ¡No! a semejante a cuerdo, y tener fuerzas en sus titiritantes manos para firmar el ¡Sí!, ya prestos a firmarlo se encontraron con que uno de los pocos oráculos transparentes con que contaban los cinco cacicazgos observando la estratagema planteada por los extranjeros y las consecuencias que acarrearían al Bohío Nacional, se puso mosca e invocó la quinta enmienda de Juanño Lindo acerca de los conflictos ponerse mosca-chivo.

     Advirtió al consejo de caciques que el acuerdo era violatorio de la Constitución de Juanño Lindo, toda vez que ellos ya se habían puesto mosca y él había tenido que ponerse chivo.

     Pero, los caciques, que minutos antes temblaban de miedo ante los maliciosos contratantes, por obra de la providencia  maligna o por obra del anamú prohibido, —al día de hoy nadie sabe bien qué cosa influyó más—, arguyeron ante el oráculo transparente, que en primer lugar su moción era improcedente, toda vez que él, como simple oráculo y más siendo un oráculo transparente y no opaco o de la luz oscura, carecía de calidad para presentar este incidente, ya que una enmienda constitucional anterior había restringido el derecho de presentar denuncias y mociones contra funcionarios selectos al deseo y potestad de otros funcionarios más selectos aún ante el Consejo de Caciques. Adujeron además los preclaros caciques el filoso argumento según el cual, el presente, en realidad ni siquiera se trataba de un caso chivo-mosca, sino de un caso mosca-chivo, y que la Constitución de Juanño Lindo, si bien contemplaba objeciones a proyectos donde se haya presentado un incidente mosca-chivo, nada decía de incidentes chivo-mosca  razón por la cual desestimaban el caso del secretario por carencia de calidad y por ausencia de pruebas y de un argumento con real sustento constitucional.

     Terminada su pequeña diatriba legal los caciques se miraron unos a otros y se rieron hasta desternillarse ante la genialidad de la estupidez que acababan de pronunciar y los contratantes de allende los mares de Juanño Lindo se fundieron en un efusivo abrazo de alegría. ¡Increíble! —Se dijeron, ¡lo hemos logrado, esta gente realmente tiene potencial anárquico!

     Pero, de lo que no se daban cuenta los caciques idiotas en su dopada condición era de que habían hecho causa común con el diablo mismo y que en aquel absurdo acto inauguraban, sin saberlo, más de quinientos años de saqueo y abuso, toda vez que de lo que el oráculo transparente les quería librar era de las maliciosas cláusulas en letra pequeña que contenía el pacto de los extranjeros,   el cual, entre muchos otros adornos legales incluia: tirarse a todas las hembras de buen talante de Juanño Lindo, dragar todos los ríos y dejarlos como agua de menstruosa en busca de cada partícula atómica del oro escondido y eliminar todo vestigio de decencia de aquella nación pacífica e inocente.

      Infortunadamente pudo más el interés personal de los altos caciques quienes inconsultamente firmaron aquel fatídico contrato cuyas cláusulas más onerosas siguen vigentes entre nosotros después de cinco siglos de estupidez y miseria. 

     Pero como LA VERGUENZA no fue informada para llevar a cabo semejante acuerdo quedó muy disgustada y optó por desligarse de los juanñolindenses, aparentemente para siempre. Esto, a su vez, generó un triste clima de intranquilidad y desasosiego en todas las aldeas de la nación pues el pueblo empezó a imitar las extravagantes malas mañas de los contratantes. Fue así como Juanño Lindo cayó en el desenfreno y la inseguridad que perviven entre nosotros aun hoy día.




1 comentario:

  1. Interesante siervo, Dios bendiga, di un vistazo de reojo, tiene un contenido bien sustentado y a la vez se demuestra en la exposición del mismo como la impunidad y el favorecer al que más posee, han hecho de nuestro país un estado con una ley muy cuestionable, hace un tiempo decían que nuestro país es un estado fallido, pero aquí como muchos de nosotros no tenemos como líder principal a un jefe de estado que nos pueda defender, apelamos a la protección y defensa divina del Dios y Padre, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación, él no se va para un grupito ''x'' ni busca favoritismo, eso es lo bueno de nuestro Dios. Le escribe Adonny...

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