CAPITULO IX
EL DECRETO DE IMPENETRABILIDAD
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| Juan Alberto Galvá |
ANARQUIA TOTAL sabía que ahora tenía en el país
a fieles y devotos seguidores, pero las acciones que rápidamente comenzaron a
emprender estos nuevos adoradores dejaron atónita a la misma deidad, ¡Carajo! —Se
Dijo, con tan poco, han hecho ¡tanto! que me siento más que satisfecha. Movida
por tal muestra de eficiencia en las labores depredativas y sustratorias fue
que ANARQUIA TOTAL tomó la decisión
de otorgarle al rey y a un reducido número de los miembros de su cohorte, tres
de ellos específicamente, el poder más codiciado del mundo entero, el poder de
la Impenetrabilidad.
Este poder consistía en principio en la
habilidad de emprender una acción, del carácter que fuera, bajo una total
protección en contra de críticas o acusaciones pues todo el que intentaba
cuestionar al rey y a los que estuvieran protegidos por este Decreto de Impenetrabilidad quedarían en
tal estado de estupor, tal perplejidad, que empezarían a expresar dislates
hasta caer en la confusión absoluta terminando al final dando la razón al rey y
a sus protegidos en cualquier causa contra ellos. Pero ANARQUIA TOTAL fue vehemente al advertir al rey lo siguiente:
“Yo, ANARQUIA TOTAL, soy el ama del caos,
pero hay ciencia en mi desorden, existo porque fui la única en descubrir
que hay un orden que gobierna en el
desorden e hice los delicados cálculos para lograr los algoritmos para mantener
las medidas exactas y justas del desorden sin pasar ni más allá ni más acá;
súbditos míos amados, coger y dejar,
picar y anestesiar, desenfreno con pan y circo son las llaves para mantener
desordenado el orden, y dar la apariencia de que hay un hermoso desorden
ordenado. Pero si este delicado equilibrio es alterado por cálculos descuidados
en la aplicación del caos, inevitablemente, tarde o temprano, vendrá el barullo
verde y después del BARULLO VERDE
volverá LA DESVERGÜENZA BLANCA a reinar, y como LA VERGÜENZA se ha ausentado tanto
tiempo del poder las cosas jamás volverán a ser lo mismo, la disolución estará
a la puerta”.
CAPITULO X
APLICACIÓN DEL DECRETO DE
IMPENETRABILIDAD Y DESCUIDO DE LOS CALCULOS DEL EQUILIBRIO COSMICO
Pasó tiempo
considerable y llegó a gobernar a Juanño Lindo un rey llamado Lesivo. Sus servidores procuraron
realizar con cierta mesura aquellas tropelías habituales que son propias de los
monarcas ociosos que en ninguna otra cosa se entretienen sino en tirarse las
más ajustadas hembras ajenas —los bien orientados—, echarse algunas manos de
dominós con los panas del barrio, o jugar Pacman en el ordenador de última
generación comprado con los impuestos de los juanñolinenses, y por supuesto, también se ocupan en desvalijar a lobistas
desvalijadores reclutados por ellos mismos, para conseguir por lo bajo lo que a
las claras, ya todo el pueblo asume que de todos modos los nobles siempre
consiguen en las delicadas tinieblas o a la luz del descaro.
En sus
negocios muy especiales estaban el monarca y sus súbditos cuando surgió una oportunidad
aurífera para pasar de las meras
incursiones furtivas en negocios de poca monta a las grandes ligas. Fue así como
surgió el negocio con el nombre de un juego popular llamado:
“Tierra Mar, Tierra Mar, Tierra Mar ¡Tierra!”
Aunque en
este caso, no sería precisamente “Tierra Mar” sino más bien
“¡Sol y Tierra!”
El país se
hizo eco de que en aquel negocio hubo un procedimiento ilegal, violatorio de la
constitución de Juanño lindo, lo cual
era diáfanamente evidente. Pero como el Nuevo
Rey Lesivo era poseedor del poder que
otorgaba el Decreto de Impenetrabilidad
se mantuvo sereno hasta que la presión de sus opositores fue tan grande que
tuvo que hacerles frente a las demandas de unos pocos oráculos transparentes,
muchos semi transparentes y una gran cantidad de oráculos opacos y oscuros. Pero,
su majestad el rey, con aquella seguridad del que tiene la fuerza de su dios de
su lado, imbuido de esa aparente soberbia justificada del que sabe, o supone
que tiene frente a sí a una manada de descerebrados, se mantuvo incólume,
impasible y siempre dueño de sí. ¡Bravo Lesivo!
¡Qué bien lo hiciste!.
Así que,
antes de entrar al distinguido salón de la perfidia en el palacio de la rapiña invocó el tan codiciado Decreto de Impenetrabilidad y qué creen ustedes…
llegó, vio y venció,
y su
impresionante victoria fue de esta manera:
En una memorable
reunión en el palacio de la rapiña el Nuevo Rey Lesivo consiguió que sus adversarios le escucharan
decir pacientemente una sarta de argucias, un alud de tonterías y sofismas
descarados que eran claramente lo mismo
del fin al principio y del principio al fin, pero sus adversarios nada pudieron
contra él, él salió indemne a pesar de haber violado claramente la constitución
del reino de forma burda y descarada.
Mirando pues
el monarca y sus súbditos que eran poseedores de semejante habilidad sucedió lo
inevitable; un gran agujero negro proveniente de la galaxia bautizada por los
astrónomos con el nombre de Corrupcionis
Corruptis 1492-17 absorbió por completo cualquier vestigio de sensibilidad
o prurito por la devoción a la antigua deidad LA VERGÜENZA. De allí en adelante, nada sería demasiado grande o
ambicioso para el rey y su séquito de hombres y mujeres superdotados.
CAPITULO VI
LA VERGUENZA.
¡Sí! LA
VERGÜENZA. Ella gobernó por muchos siglos a los juanñolindenses hasta aquel aciago día en que llegaron nuestras
costas vírgenes de toda basura foránea esos tres higüeros de alta tecnología y
desembarcaron de ellos, o mejor dicho, desenhigüeraron
unos mercaderes de carnes muy rubias y barbas muy tupidas, de piel acorazada,
en cueros curtidos y ojos de fuego ardiente, ellos venían de allende los mares
inquietos, con cara de buena gente, sobre todo cuando se fijaban en las hembras
de Juanño Lindo.
Esos
mercaderes, esos funestos marchantes eran conquistadores de niños color
cobrizo, perversos encantadores de jóvenes de almas nobles y hombres y mujeres
de corazón cándido; eran contratantes salteadores, evangelistas y malabaristas
de la deidad antigua Capúynoteabaje muy
duchos en todas las ramificaciones del brillante evangelio aurífero y en el
arte antiguo de la seducción rastrera. Ellos arribaron a este pueblo indefenso
con un extenso contrato redactado en chino mandarín, escrito por delante y por
detrás con las estipulaciones de nuestra capitulación incondicional al derecho
de extracción del oro escondido, y los permisos y concesiones correspondientes
para la construcción de una Mega Planta en nuestra punta femenina, a orillas
del Mar Inquieto para sacar y procesar el
oro primigenio de Juanño Lindo. Todo
ello con el pretexto de llevarlo a un enorme museo que tenían los contratantes,
porque, según alegaban, si ellos no se llevaban ese oro, los mansos juanñolindenses lo iban a echar a perder
haciendo unas muy pendejas figurillas de diosecillos paganos y rústicos brazaletes
alegóricos sin valor ni uso práctico. Además, corríamos el peligro, según
ellos, de que otros contratantes más injustos y menos tolerantes que ellos vinieran
a sacarlo con fuerza descomunal y ausencia total de misericordia.
EL RECURSO CONSTITUCIONAL
CHIVO-MOSCA
Cuando los caciques del pueblo de Juanño Lindo escucharon la persuasiva y
vehemente, pero muy extraña explicación de los contratantes de allende los
mares, se pusieron chivos. Pero los
contratantes, con gran firmeza y demostración de dones de convencimiento les
ofrecieron tanto a los caciques, como sus subalternos de más rango, un viaje en
primera clase en los higüeros maravillosos, y les encandilaron diciéndoles que en vez de los
raquíticos brazaletes dorados que ellos confeccionaban, ellos les regalarían
grandes brazaletes de hierro para llevar tanto en las manos como en los pies y
también les prometieron dos sacos de espejitos y una hamaca llena de
cascabelitos, solo para ellos.
Esta propuesta dejó algo perplejos a los
caciques, pero, hipnotizados como estaban por el constante blandir de esos largos y filosos hierros con
que siempre andaban los recién llegados les daba pena decirles que no.
Así llegó el anhelado momento cuando los
contratantes de allende los mares de Juanño
Lindo procederían a formalizar aquel tan codiciado pacto de gentes. Los
caciques, que antes de acudir al evento, primero se abotagaron del más añejo
anamú prohibido de Juanño Lindo esto para
darse el valor que no tuvieron para decir que ¡No! a semejante a cuerdo, y
tener fuerzas en sus titiritantes manos para firmar el ¡Sí!, ya prestos a
firmarlo se encontraron con que uno de los pocos oráculos transparentes con que
contaban los cinco cacicazgos observando la estratagema planteada por los
extranjeros y las consecuencias que acarrearían al Bohío Nacional, se puso mosca e invocó la quinta enmienda de Juanño Lindo acerca de los conflictos
ponerse mosca-chivo.
Advirtió al consejo de caciques que el
acuerdo era violatorio de la Constitución de Juanño Lindo, toda vez que ellos ya se habían puesto mosca y él había tenido que ponerse chivo.
Pero, los caciques, que minutos antes
temblaban de miedo ante los maliciosos contratantes, por obra de la providencia
maligna o por obra del anamú prohibido, —al
día de hoy nadie sabe bien qué cosa influyó más—, arguyeron ante el oráculo
transparente, que en primer lugar su moción era improcedente, toda vez que él,
como simple oráculo y más siendo un oráculo transparente y no opaco o de la luz
oscura, carecía de calidad para presentar este incidente, ya que una enmienda
constitucional anterior había restringido el derecho de presentar denuncias y
mociones contra funcionarios selectos al
deseo y potestad de otros funcionarios más selectos
aún ante el Consejo de Caciques.
Adujeron además los preclaros caciques el filoso argumento según el cual, el
presente, en realidad ni siquiera se trataba de un caso chivo-mosca, sino de un caso mosca-chivo,
y que la Constitución de Juanño Lindo,
si bien contemplaba objeciones a proyectos donde se haya presentado un
incidente mosca-chivo, nada decía de
incidentes chivo-mosca razón por la cual desestimaban el caso del
secretario por carencia de calidad y por ausencia de pruebas y de un argumento
con real sustento constitucional.
Terminada su pequeña diatriba legal los caciques
se miraron unos a otros y se rieron hasta desternillarse ante la genialidad de
la estupidez que acababan de pronunciar y los contratantes de allende los mares
de Juanño Lindo se fundieron en un
efusivo abrazo de alegría. ¡Increíble! —Se dijeron, ¡lo hemos logrado, esta
gente realmente tiene potencial anárquico!
Pero, de lo que no se daban cuenta los
caciques idiotas en su dopada condición era de que habían hecho causa común con
el diablo mismo y que en aquel absurdo acto inauguraban, sin saberlo, más de
quinientos años de saqueo y abuso, toda vez que de lo que el oráculo
transparente les quería librar era de las maliciosas cláusulas en letra pequeña
que contenía el pacto de los extranjeros, el cual, entre muchos otros adornos legales
incluia: tirarse a todas las hembras de buen talante de Juanño Lindo, dragar todos los ríos y dejarlos como agua de menstruosa
en busca de cada partícula atómica del oro escondido y eliminar todo vestigio
de decencia de aquella nación pacífica e inocente.
Infortunadamente pudo más el interés
personal de los altos caciques quienes inconsultamente firmaron aquel fatídico
contrato cuyas cláusulas más onerosas siguen vigentes entre nosotros después de
cinco siglos de estupidez y miseria.
Pero como LA VERGUENZA no fue informada para llevar a cabo semejante acuerdo quedó
muy disgustada y optó por desligarse de los juanñolindenses,
aparentemente para siempre. Esto, a su vez, generó un triste clima de
intranquilidad y desasosiego en todas las aldeas de la nación pues el pueblo
empezó a imitar las extravagantes malas
mañas de los contratantes. Fue así como Juanño
Lindo cayó en el desenfreno y la inseguridad que perviven entre nosotros
aun hoy día.


Interesante siervo, Dios bendiga, di un vistazo de reojo, tiene un contenido bien sustentado y a la vez se demuestra en la exposición del mismo como la impunidad y el favorecer al que más posee, han hecho de nuestro país un estado con una ley muy cuestionable, hace un tiempo decían que nuestro país es un estado fallido, pero aquí como muchos de nosotros no tenemos como líder principal a un jefe de estado que nos pueda defender, apelamos a la protección y defensa divina del Dios y Padre, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación, él no se va para un grupito ''x'' ni busca favoritismo, eso es lo bueno de nuestro Dios. Le escribe Adonny...
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